Según
una investigación realizada por la Universidad
Católica Andrés Bello (El Nacional, 09/08/00),
en Venezuela sólo el 6,8% de los niños
menores de seis meses reciben leche materna como alimento
exclusivo; y el 40,3% la reciben, pero compartiéndola
con otros productos. Esto, tiene mucho que ver con la
desinformación, la falta de estimulación
y apoyo; así como de la proliferación
de una serie de ideas erradas que han interferido con
la práctica de la lactancia materna durante los
primeros meses de vida. Se ha escuchado que esta leche
procedente de los senos de la madre no es suficiente
para llenar o nutrir a los bebés; que los senos
se dañan; que provoca un dolor insoportable;
que los bebés no duermen lo esperado; que si
se tiene sobrepeso o lo contrario, no se produce la
leche necesaria o con los nutrientes adecuados; que
la producción láctea depende del tamaño
de los senos; entre muchos otros planteamientos que
además de no ser reales, conducen a las madres
a optar por otro tipo de alimentación que puede
desencadenar problemas alérgicos, digestivos...
a corto o largo plazo, y que no contienen los elementos
requeridos para proteger de diversas enfermedades.
A esta situación se suma la influencia comercial
que se encarga de promocionar, con el claro interés
económico, otro tipo de fórmulas lácteas
ajenas a la leche humana; así como la preocupación
excesiva de la estética, lo que ha llevado a
que muchas mujeres opten por una alimentación
artificial, con la finalidad de "cuidar su cuerpo
físico de cualquier daño".
En
la mayoría de los casos, los recién nacidos
salen de los centros asistenciales consumiendo una alimentación
mixta, y al poco tiempo el amamantar queda relegado
por el tetero, muchas veces por dificultades que se
presentan y que no encuentran la canalización
apropiada. Pocas veces se toma en cuenta, que
además de los beneficios físicos y emocionales
que la lactancia materna ofrece, esta leche no tiene
ningún valor monetario, por lo que las personas
no tendrían necesidad de gastar dinero, ni tiempo
en compra y preparación de teteros con fórmulas
lácteas, por lo menos hasta los seis meses, cuando
intervienen otros alimentos.
La leche materna provee
al bebé durante los primeros minutos, de agua
con anticuerpos; luego proporciona proteínas,
aminoácidos, azúcares, carbohidratos;
y finalmente la grasa necesaria para el desarrollo adecuado
del infante, sobretodo del sistema nervioso.
Es
una leche de fácil digestión, cuyo contenido
hace que no sea necesario el consumo de agua; puede
ser almacenada bajo ciertas condiciones para su posterior
uso, sobretodo en el caso de madres que tengan que estar
fuera del hogar; protege contra infecciones y puede,
de una forma exclusiva, mantener al bebé hasta
los seis meses en perfecto estado de salud, con un peso
y crecimiento acordes a su edad. Posteriormente al medio
año de vida, se debe comenzar a introducir otras
comidas como frutas y verduras, de manera de complementar
la leche materna hasta aproximadamente los dos años,
o hasta que su madre lo decida.
El amamantar adecuadamente requiere de ciertas condiciones
para que el proceso sea realmente positivo: es importante
en primer lugar la disposición para hacerlo con
todo el amor de una madre que ofrece el mejor regalo
para su hijo durante esos primeros meses de vida, tan
fundamentales para su futuro desarrollo; con una actitud
positiva y relajada, buscando el lugar más cómodo
y tranquilo, evitando molestias y preocupaciones;
tomando una posición adecuada y asesorándose
acerca del correcto agarre del pezón, para evitar
posibles afecciones; alimentarse balanceadamente y tratar
de descansar lo más posible cuando el bebé
lo permita. Otro factor primordial es el apoyo familiar
que debe tener la madre, sobretodo de la pareja, ya
que son días en los que suele haber mucho cansancio
y situaciones que requieren reacomodos ante los cambios
vividos; la madre necesitará más cariño
y comprensión que nunca, deberá delegar
si es posible las tareas del hogar y otros, para dedicarse
completamente al bebé; así como recibir
l
a compañía y el amor de su pareja en todo
momento.
En el camino se presentarán muchas dudas, a veces
se generarán angustias y confusiones; lo mejor
es conservar la calma, confiar en su instinto materno
y paterno, y consultar especialistas idóneos,
cuando así lo consideren necesario. La labor
de madre es lo más hermoso que pueda existir
y es nuestra responsabilidad ofrecerle a nuestros hijos
lo mejor que podamos, pensando en su bienestar, dejando
de lado temores, egoísmos por considerar más
importante la comodidad o la estética...; poniendo
todo nuestro esfuerzo para que la historia familiar
comience con el disfrute de unos de los momentos más
maravillosos, como es dar vida y salud a otro ser humano,
que depende completamente de nosotros para desarrollarse.