Cada
vez son más los padres que se preocupan por el aprendizaje
de sus hijos pues están conscientes de que es indispensable
contar con una educación adecuada que les permita ser
competitivos en el mundo moderno. Pero ¿qué
sucede cuando se dan cuenta que su pequeño no logra
desempeñarse como lo hacen los niños de su edad,
tanto en la casa como en la escuela y en la sociedad sino
que, por el contrario, está manifestando serias dificultades
para aprender debido a que su atención es deficiente?
Uno
de los problemas más graves que los padres tienen que
afrontar en México es que no les es fácil contar
con personal calificado que los ayude en la orientación
de sus hijos, ni tienen acceso a alguna institución
que les pueda ofrecer los servicios adecuados para atender
su caso en vista de que en nuestro país son muy pocas
las que lo pueden brindar. La mayoría de las personas
que trabajan en el sector educativo desconocen los procedimientos
necesarios para comprender estas dificultades, por lo tanto
difícilmente pueden guiar a quienes las padecen para
que logren superar los obstáculos que les están
impidiendo aprender lo que requieren para poder vivir en forma
independiente y responsable.
El
propósito de este artículo es ayudar a los padres
a dar el primer paso en esta complicada tarea y comenzar a
identificar los síntomas que son indicadores de las
dificultades para aprender. En caso necesario, puedan poner
en práctica algunas de las medidas que aquí
se sugieren con el fin de facilitarle al niño su desempeño
tanto en el hogar como en la escuela.
Los
profesores y especialistas que necesitan contar con medios
para poder ayudar a personas que manifiestan dificultades
para aprender y que además tienen desórdenes
por déficit de atención con o sin hiperactividad
también se pueden beneficiar con esta lectura.
El
punto de partida es entonces ofrecer información básica
que le permita al lector comenzar a comprender lo que sucede
en estos casos e invitarlo a que conozca con más detalle
este tema leyendo otras fuentes.
El
artículo no pretende discutir las discrepancias entre
los especialistas sobre los problemas de aprendizaje ni mencionar
una serie de autores y sus perspectivas ante estas dificultades.
Se ha evitado en lo posible utilizar términos complejos
propios del tema. En contraste, se ha procurado emplear un
lenguaje sencillo y accesible para el público interesado
en la orientación educativa de estos niños y
que no cuenta con antecedentes al respecto.
INDICE
1.
Algunos signos y síntomas de las dificultades para
aprender
Con
frecuencia los padres no confían en su juicio cuando
tratan de evaluar el desarrollo y aprendizaje de su hijo,
ni saben a quién preguntar o a dónde acudir
cuando ven que su conducta es notablemente diferente a la
que manifiestan la mayoría de los niños de su
edad.
Comentarios
como los siguientes incrementan la angustia de los padres,
los confunde y, en ocasiones, les detiene en la búsqueda
de la ayuda que requieren.
"La
inscripción de su hijo para el próximo año
está condicionada en vista de que su desempeño
no alcanza el nivel que se pide en esta escuela"
"Muy
listo para algunas cosas y a la vez muy deficiente para otras"
"Parece
incapaz de comprender algunas cosas, sin embargo, en otras
ocasiones hace las actividades sin mayor problema"
"No
se concentra ni pone atención en clase. Él afirma
haber estudiado pero no se acuerda de nada"
"Cuando
habla hace tal lío que ni él mismo se entiende.
No logra comunicar sus ideas"
"Su
escritura es tan deficiente que ni él puede leer lo
que ha escrito"
"¡Cómo
le cuesta trabajo razonar en la clase de matemáticas!
Parece como si se le hablara en un idioma desconocido"
"Varía
tanto su estado emocional que nos es difícil convivir
con él"
"Está
en constante movimiento, ya me tiene atarantada, ¿qué
puedo hacer para que se esté un momento quieto?"
"Parece
estar en otro mundo, no escucha ni comprende cuando le hablo,
El audiólogo dice que oye bien. ¿Tendrá
algún retraso?"
El
problema es más complejo de lo que parece a simple
vista, pues los niños que presentan dificultades para
aprender se perciben como cualquier otro de su edad (Silva,
La percepción visual, 1996), pueden ver y oír
sin problemas significativos;como sordera, debilidad visual,
parálisis;, su inteligencia está dentro
de los rangos normales o es superior al promedio, sus dificultades
académicas no se deben a deficiencias en la experiencia
educativa ni a factores culturales, sin embargo no son capaces
de adquirir ni de usar la información con eficiencia
debido a que su percepción, conceptualización,
lenguaje, memoria, atención y/o control motor no están
evolucionando como es esperado.
Oficialmente
se considera que aproximadamente el cinco por ciento de los
niños en edad escolar padecen alguna dificultad para
aprender; sin embargo, tanto los especialistas como los profesores
piensan que el porcentaje es mayor (Lewis y Doorlag, Teaching
Special Students, 1995). A esta observación se puede
agregar el hecho de que muchos niños no están
trabajando en las escuelas al nivel que les corresponde debido
a que no se han identificado sus deficiencias.
Cuando
han fallado las estrategias para enseñarle, tanto los
padres como los profesores se sienten frustrados porque no
saben qué hacer para ayudarlo. Sin embargo, el niño
que tiene dificultades para aprender es quien más se
mortifica porque nadie entiende su situación, ni él
mismo, y percibe que no puede lograr desempeñarse como
sus compañeros ni obtener el éxito deseado.
Hoy
en día los especialistas enfatizan la importancia de
contar con un diagnóstico lo más pronto que
se pueda con el fin de poder comenzar a tratar las dificultades
de aprendizaje lo antes posible y evitar así que los
problemas se agraven y se afecte la autoestima de quien los
padece. En contraste, muchas veces los pediatras y las educadoras
prefieren esperar para ver cómo evoluciona el niño,
a pesar de que éste se distraiga y manifieste dificultades
al llevar a cabo sus actividades cotidianas, su conducta parezca
estar fuera de control, se le olviden las cosas, demande atención
constantemente, parezca estar ausente y/o no pueda comunicarse
adecuadamente con los demás. Los profesores generalmente
lo perciben como un alumno flojo, con conducta desorganizada,
carente de motivación, perturbado emocionalmente, con
dislexia o con impedimentos perceptivos. Sus compañeros
pueden considerarlo como un compañero tonto, torpe,
desordenado o locuaz. El niño se siente fracasado y
percibe el aprendizaje como una tarea imposible de lograr,
se da por vencido y no hace ya ningún esfuerzo por
concentrarse ni interactuar con los demás.
2.
¿Qué significa el término "dificultades
para aprender" o "problemas de aprendizaje"?
Definir
las dificultades o problemas de aprendizaje es adentrarse
en un terreno altamente debatido, esto es, los especialistas
no han logrado llegar a un acuerdo universal; sin embargo,
en términos generales, este concepto se utiliza para
describir la condición que padece la persona e interfiere
con su habilidad para almacenar, procesar o producir la información
deseada, traduciéndose en dificultades significativas
para escuchar, hablar, leer, escribir, razonar, realizar con
éxito tareas matemáticas o relacionarse con
los demás (Smith y Strick, Learning Disabilities, 1997).
También se discute si estas deficiencias se deben a
disfunciones del sistema nervioso central, a factores socioambientales
o por un desorden específico de atención. Por
el momento, no se ha podido precisar cuál es su etiología.
Lo cierto es que las dificultades para aprender pueden ser
de diferentes tipos, combinarse de maneras muy diversas, presentarse
en una gran variedad de niveles de severidad y contrastar
con algunos desempeños adecuados o incluso sobresalientes
de la persona afectada.
La
mayoría de los especialistas coinciden en que es común
que quien tenga dificultades para aprender presente una o
varias de las siguientes características: demora en
el desarrollo del lenguaje hablado, deficiencias para orientarse
en el espacio, su percepción del tiempo y del espacio
sean inadecuadas, no sepa cómo juzgar las relaciones,
su direccionalidad sea confusa (es decir, no distingue cuando
es arriba, abajo, dentro, fuera, derecha, izquierda, por ejemplo)
y su coordinación motora general sea deficiente al
igual que su destreza manual. Es frecuente que se le dificulte
seguir instrucciones, sea incapaz de seguir las ideas en las
discusiones y debates, su percepción y memoria sean
deficientes y se distraiga con facilidad. (Silva, Estrategias
de enseñanza, 1998). Expliquemos algunas de ellas con
más detenimiento:
-
Periodos cortos de atención.
Se distrae con facilidad, en las actividades nuevas pierde
el interés rápidamente, salta de una actividad
a otra y con frecuencia no termina su trabajo o lo que
está haciendo.
-
Dificultades para seguir instrucciones. Solicita
que se le repitan las indicaciones aun cuando se trate
de tareas simples. Comete errores debido a que no ha comprendido
las instrucciones.
-
Inmadurez social.
Actúa como si tuviese una edad cronológica
menor y tiende a preferir jugar con niños más
pequeños.
-
Dificultades
con la conversación.
Le cuesta trabajo encontrar las palabras correctas. Interrumpe
o habla de algo diferente a lo que se está tratando,
no logra expresar lo que desea comunicar.
-
Inflexibilidad.
No acepta que se hagan las cosas en forma diferente a
como él está acostumbrado, aún cuando
no esté participando o trabajando directamente
en la actividad; se resiste a las sugerencias y a los
ofrecimientos de ayuda.
-
Poca
habilidad para planear y organizar.
Parece no tener sentido del tiempo y con frecuencia se
retrasa o no está preparado para llevar a cabo
la actividad. Cuando se le asignan varias tareas o una
que tiene varias partes, no sabe por dónde ni cómo
empezar, tampoco tiene idea de cómo dividir el
trabajo para poderlo organizar y llevarlo a cabo.
-
Ausencias.
Con frecuencia pierde sus tareas, ropa y otras pertenencias,
olvida hacer sus trabajos y deberes; tiene problemas para
recordar sus citas y compromisos sociales.
-
Torpeza.
Le falta coordinación y parece tropezar con todo,
derrama los líquidos al servírselos, se
le caen los objetos, su escritura es ilegible y es torpe
para los deportes y juegos.
-
No
controla sus impulsos. Nada le detiene para coger
lo que le interesa, hace observaciones sin pensar, interrumpe
o cambia la conversación en forma inapropiada y
tiene dificultades para esperar a los demás o a
tomar su turno.
Para
algunos niños esto se complica más cuando su
comportamiento se altera por desórdenes debido a déficits
de atención con o sin hiperactividad, la cual se calcula
que la padecen entre un 15 y un 20 por ciento de los niños
que manifiestan dificultades para aprender.
Estas
características afectan una o más de las siguientes
áreas que son básicas para el trabajo escolar:
1. Lenguaje hablado. Dificultad para escuchar, comprender
o hablar.
2.
Lenguaje
escrito. Dificultades
en la lectura, escritura u ortografía.
3. Matemáticas. Dificultades para comprender
los conceptos numéricos o para llevar a cabo operaciones
aritméticas.
4. Razonamiento. Dificultades para organizar e integrar
el pensamiento.
5. Memoria. Dificultad para recordar la información.
6. Sociales. Dificultades para relacionarse y vivir
en armonía con los demás.
3. ¿Qué
significa el síndrome de desorden por déficit
de atención con o sin hiperactividad?
Este
síndrome es el que se diagnostica con mayor frecuencia
en los niños que manifiestan dificultades para aprender,
es por ello que se ha tomado como tema para este artículo.
En
vista de las controversias que hay entre los especialistas,
se toma como base la definición del Manual de diagnóstico
y estadísticas de desórdenes mentales, mejor
conocido como DSM-IV, publicado por la Asociación Americana
de Psiquiatría (Task Force en DSM-IV). Dicha Asociación
considera como característicos los síntomas
de inatención, hiperactividad e impulsividad.
La
principal diferencia entre los que padecen dificultades para
aprender con los que tienen déficit de atención
es la siguiente: quien padece déficits de atención
manifiesta una incapacidad para seleccionar el foco de atención
y mantenerse atento, en cambio, las deficiencias de quien
tiene dificultades para aprender se relacionan básicamente
con el proceso de información.
La
Asociación considera que para diagnosticar a un niño
con síndrome de déficit de atención,
sus síntomas se deberán manifestar antes de
los siete años, haber persistido por lo menos durante
seis meses, ser inconsistentes con su nivel de desarrollo
y observarse con frecuencia en por lo menos dos ambientes,
"casi siempre se identifican en el hogar y en la escuela"
con "evidencias de impedimentos significativos en los
social, lo académico o el funcionamiento ocupacional"
La
Asociación Americana de Psiquiatría (Task Force
en DSM-IV, 1993) ha distinguido tres tipos de este síndrome:
el primero es el combinado, el segundo es básicamente
por inatención y el tercero por predominio de la hiperactividad
e impulsividad. Para identificar cuál es el tipo que
corresponde en cada caso hay que considerar las características
que presenta el niño afectado con base en la siguiente
guía:
Inatención.
Ha de manifestar por lo menos seis de los siguientes
síntomas en forma persistente durante seis meses al
grado de que se considere como una mala adaptación
y sea inconsistente con su nivel de desarrollo:
(a)
No puede concentrarse en los detalles o comete errores
que parecen ser por descuido, tanto en su trabajo escolar,
como en sus tareas domésticas o en otras actividades.
(b)
Tiene dificultades para mantener la atención en las
tareas o actividades recreativas.
(c)
Parece que no escucha lo que se le está diciendo cuando
se le habla directamente.
(d)
No sigue las instrucciones y no termina sus tareas escolares,
no hace sus quehaceres, ni cumple con sus deberes, y no es
porque se niegue a hacerlos o porque no haya entendido las
instrucciones.
(e)
Le cuesta trabajo organizarse para llevar a cabo las tareas
y actividades.
(f)
Tiende a evitar o siente un gran rechazo de hacer las
actividades que requieren un esfuerzo mental, como es participar
en las tareas académicas o llevar a cabo sus deberes
escolares.
(g)
Pierde con frecuencia las cosas que son necesarias para hacer
las tareas o actividades, como lápices, libros, material
de trabajo y juguetes.
(h)
Los estímulos externos lo distraen con facilidad.
(i)
Se le olvida hacer las actividades cotidianas.
Hiperactividad-impulsividad.
Que haya manifestado por lo menos seis de los siguientes síntomas
durante seis meses al grado que refleje una mala adaptación
e inconsistencia con su nivel de desarrollo:
Hiperactividad:
(a)
Está jugueteando constantemente con sus manos o
con sus pies, se muestra inquieto y se retuerce mientras está
sentado.
(b)
Se para de su asiento mientras está en el salón
de clases o en otras situaciones en las cuales se requiere
que permanezca sentado.
(c)
Está corriendo por todos lados o trepándose
en distintos sitios en forma excesiva y en momentos inapropiados
(en el caso de los adolescentes o adultos pueden verse limitados
por sus propios sentimientos).
(d)
Tiene dificultades para jugar o comprometerse a participar
en actividades tranquilas durante su tiempo libre.
(e)
Con frecuencia habla excesivamente.
(f)
Actúa como si estuviera siendo "manejado por
un motor" y no pudiese permanecer quieto y sin moverse.
Impulsividad:
(g)
Tiende a contestar lo primero que se le ocurre aún
antes de que haya sido terminada de formular la pregunta.
(h)
Se le dificulta estar haciendo cola o esperar su turno en
los juegos o actividades en grupo.
(i)
Con frecuencia interrumpe o interfiere con los demás.
En
los casos del tercer tipo, por ejemplo, donde predomina la
hiperactividad, los niños tienden a tener una energía
excesiva, se meten por todos lados y actúan sin prestar
atención. Sin embargo, a veces llegan a sorprender
porque con frecuencia logran aprender a pesar de que en apariencia
no están poniendo atención ni escuchando la
explicación.
4.
¿Por qué no es fácil identificar este
síndrome?
Muchas
veces los padres se dan cuenta que sus hijos pequeños
manifiestan algunos signos de desórdenes de atención,
desde antes de asistir a la escuela. Sin embargo, debido a
que los niños maduran a ritmos diferentes y varían
en temperamento, personalidad y nivel de energía, no
es fácil determinar quien realmente tiene un déficit
de atención o simplemente tiene un retraso en su evolución
o es cuestión de su carácter.
También
debe tomarse en cuenta que el comportamiento de los niños
de la misma edad varía enormemente. Todos tienen cualidades
y puntos débiles específicos, los cuales afectan
de alguna manera su habilidad para aprender y procesar la
información. Howard Gardner (1987), señala que
hay varios tipos de inteligencia en lugar de un solo nivel
de funcionamiento intelectual. Este autor identificó
siete tipos: lingüístico, lógico-matemático,
espacial, musical, cinestésico-corporal, interpersonal
e intrapersonal. Así, por ejemplo, un niño puede
desempeñarse muy bien en actividades musicales y atléticas
y tener problemas para llevar a cabo tareas que requieran
habilidades lógico-matemáticas.
Centrarse
en lo que el niño no puede hacer en lugar de aprovechar
las áreas en las que tiene facilidad para aprender
dificulta el tratamiento. Cuando uno acepta que el niño
puede aprender si se le respeta su propio ritmo y a través
de procedimientos diferentes al común de sus compañeros
entonces las circunstancias y las actitudes cambian, pues
no se ve como un problema de aprendizaje sino como una forma
diferente de aprender. Esta tarea no es fácil, pues
no se cuenta con un grupo de características que permitan
seguir una "receta" uniforme para todos los casos.
Recordemos que hay una gran variedad de combinaciones y niveles,
lo que deriva en que cada caso sea único. Lo que tienen
en común son las consecuencias que le afectan en su
vida personal y familiar, su relación con los demás,
su habilidad para hacer deportes, su autoestima y autoconfianza,
así como también la manera de manejar las distintas
situaciones.
5.
¿Cómo empezar?
Como
punto de partida, consideremos tres áreas generales:
1) el nivel de lenguaje y de desarrollo de conceptos, 2) las
habilidades perceptivas y 3) los problemas de atención
y comportamiento.
1.
Problemas de lenguaje. Se refiere a la inteligencia lingüística
es decir, a las habilidades de expresión, tanto oral
como escrita. Los padres se dan cuenta de que su hijo tiene
dificultades cuando manifiesta un retardo significativo para
comenzar a hablar o su vocabulario es muy escaso si se le
compara con sus contemporáneos, a pesar de haber tenido
oportunidades semejantes para aprender. Se le dificulta comprender,
procesar o expresar sus ideas oralmente, no comprende la mayoría
de las cosas que se le dicen, no recuerda cómo se llaman
determinados objetos (comida, juguetes, colores, por ejemplo)
a pesar de que los reconoce; se confunde con las preposiciones;
con las nociones de tiempo (ayer, hoy, mañana, por
ejemplo); no logra asociar que cosa va con qué (por
ejemplo, banco con dinero); se le dificulta pronunciar algunas
palabras (como aquellas que tienen sílabas trabadas:
trompo, blusa, brazo, rifle). Lógicamente todo esto
va a traer como
consecuencia que se le dificulte la lectura, escritura, ortografía,
expresión oral y escrita, en la escuela.
Cabe
aclarar que un desarrollo de lenguaje inadecuado no es necesariamente
indicador de déficit de atención. Puede tratarse
simplemente de inmadurez, de un retardo, de un desorden emocional
o de una enfermedad física, como tener una infección
crónica en el oído (otitis media), que no le
permita asociar los sonidos con el significado precisamente
durante la edad en que le corresponde adquirir dicho aprendizaje,
lo que puede traerle como consecuencia problemas de articulación.
Si
los padres se percatan que su hijo está teniendo dificultades
con el lenguaje es conveniente que se pongan en acción
lo más pronto posible para ayudarlo a contrarrestarlos.
Para lograrlo es necesario que enriquezcan su ambiente hablándole
con claridad y el mayor tiempo posible, contándole
cuentos, cantando con él, poniéndole actividades
divertidas que lo inviten a usar el lenguaje, estimulándolo
a que pregunte y exprese sus ideas, en fin, todo aquello que
estimule su fluidez verbal. No está por demás
visitar un especialista que los ayude con un programa específico
que le facilite el desarrollo de esta área.
2.
Habilidades perceptivas. Se refieren a la forma como se
comprende y procesa la información que se obtiene a
través de los sentidos. Vemos con los ojos pero procesamos
y comprendemos lo que vemos con nuestra mente. El primer punto
de referencia que tenemos es nuestro propio cuerpo. Aprendemos
a distinguir conceptos de direccionalidad, como arriba, abajo,
grande, chico, adelante, atrás, etcétera en
relación con nosotros mismos. Cuando el niño
no cuenta con una buena coordinación, no puede lanzar
ni atrapar una pelota adecuadamente, pues no percibe la dirección
correcta hacia la cual debe mover sus manos y hacia dónde
dirigir su vista pues no discrimina dónde está
la pelota en relación con su cuerpo.
Algunos
niños son particularmente torpes: se tropiezan a cada
rato, tiran el agua cuando se la están sirviendo en
un vaso o se les cae el material con el que están trabajando,
debido a que su percepción en el espacio es inadecuada
al igual que su direccionalidad. Esto puede llegar a obstaculizar
el aprendizaje de la lectura, la escritura, las matemáticas
y las actividades atléticas, aunque no necesariamente
sucede en todos los casos.
Hay
niños que se quejan porque no se pueden concentrar
debido a que hay muchos ruidos en el ambiente que los distraen
o demasiados estímulos a su alrededor que dispersan
su atención. Esto trae como consecuencia que sólo
perciban fragmentos de lo que se les está diciendo
o mostrando perdiendo partes importantes del mensaje, lo cual
afecta seriamente su aprendizaje. Antes de regañar
a su hijo por no hacer lo que le ha pedido, asegúrese
que ha comprendido bien las instrucciones y que haya ubicado
el o los objetos que necesita para realizar la tarea.
Cuando
el niño evita atarse las agujetas de los zapatos, abotonarse
o desabotonarse la ropa, participar en actividades donde necesita
dibujar, colorear, recortar, modelar con barro o plastilina,
habrá que considerarse como indicadores de posibles
dificultades para trabajar con las manos.
Hay
niños que perciben la información en forma adecuada
cuando la pueden ver, oír y sentir, pero se confunden
si ésta sólo les llega únicamente por
un sentido. Los especialistas recomiendan utilizar el mayor
número de sentidos posibles cuando se le quiera comunicar
algo al niño, pues han comprobado que de esta manera
se le facilita integrar el mensaje.
3.
Problemas de atención y comportamiento. Los desórdenes
de atención y concentración se pueden presentar
con o sin dificultades de aprendizaje, aunque es frecuente
que ambos vayan de la mano cuando predomina el síndrome.
A veces el niño comienza a tranquilizarse y a concentrarse
mejor conforme va creciendo, pero un gran porcentaje de ellos
no lo logran y continúan los síntomas de inatención,
hiperactividad e impulsividad. La característica que
sobresale más es su falta de concentración.
Otro punto importante es que se les dificulta poner en práctica
lo que han aprendido.
Los
especialistas han identificado algunas variaciones en los
síntomas relacionados con el género. Parece
ser que los niños tienden a ser más hiperactivos,
agresivos y desorganizados que las niñas. Antes se
creía que había un mayor porcentaje de niños
que niñas debido a que ellas tienden a internalizar
sus dificultades, a retraerse y a ser más ansiosas
que los varones.
Cuando
se les da a los padres el diagnóstico, no pueden creer
que su hijo tenga desórdenes de atención, pues
han visto que en ocasiones logra concentrarse en actividades
que le interesan o permanece por más de una hora ante
la televisión cuando le gustan los programas que están
pasando. Piensan que por rebeldía el niño no
se concentra en las actividades intelectuales o porque no
le gusta hacer sus deberes, como las tareas escolares o lavar
la vajilla, por ejemplo.
En
la escuela generalmente se acentúan sus problemas a
la hora del recreo, de tomar el refrigerio o cuando hay algún
tiempo libre pues son los momentos de socializar con otros
niños y es cuando se mete en dificultades. La forma
como se comporta irrita y molesta a sus compañeros,
quienes lo rechazan o no le permiten jugar con ellos. Estas
actitudes le hacen sentir como una persona indeseable, lo
cual va dañando su autoestima y dificultando aún
más su incapacidad para relacionarse con los demás.
6.
¿Qué se puede hacer en casa?
Es
común que los padres de estos niños comenten
que uno de los aspectos más difíciles de manejar
es que sea tan irritable e irritante, además de demandar
atención y cuidados exagerados. Su comportamiento da
origen a fuertes tensiones y caos en el hogar, ocasionados
generalmente por su ansiedad y falta de control; parece que
a propósito pierde el tiempo y retrasa a todos, es
muy desorganizado y no está consciente de las consecuencias
de sus actos.
Algunos
especialistas e investigaciones sostienen que las familias
de estos niños tienden a ser en sí mismas más
caóticas y desorganizadas que otras, desde antes que
el niño llegara a su seno, y que él sólo
contribuye a intensificar un patrón ya existente (Osman,
Learning Disabilities and ADHD, 1997). Sea esto cierto o no,
lo que sí se ha comprobado es que se crea un círculo
vicioso que desemboca en alta tensión para todos los
que viven en su hogar, por lo tanto, el primer paso será
romper dicho patrón. Las sugerencias que a continuación
se presentan pueden ayudar a mejorar el ambiente familiar:
(a)
Identifique
el patrón que desencadena la tensión y caos
familiar y tome conciencia de que es necesario
cambiar los hábitos que rigen a la familia. Los padres
tendrán que encontrar el tiempo para estructurar un
plan que les permita hacer los cambios necesarios y llevarlo
a la práctica haciendo los ajustes que se requieran
conforme se vayan viendo los resultados.
(b)
Establezca una rutina que le permita
al niño organizarse y cumplir con sus deberes.
Él tendrá que contar con el tiempo que requiera
para levantarse, vestirse, desayunar, etcétera antes
de irse a la escuela sin sentirse presionado. Esto implica
que tendrá que arreglar sus cosas la noche anterior
para no estar buscando lo que le hace falta cuando el tiempo
es escaso. Esto significa que los padres deberán estructurar
la vida de su hijo desde afuera hasta que llegue el momento
en que él la pueda organizar por sí mismo.
(c)
Elaboren una lista con sus deberes
y póngansela a la vista para que él
pueda seguirla sin que se la tengan que estar recordando a
cada rato. Al principio lo tendrán que llevar para
que la lea y sepa lo que tiene que hacer. Poco a poco irá
haciéndolo por sí mismo. Algunos padres se resisten
a seguir esta medida porque piensan que así su hijo
no aprenderá a ser independiente ni a tener iniciativa.
En contraste, con el tiempo podrán apreciar que el
niño aprenderá con mayor eficiencia a través
de la guía y el ejemplo de sus padres en lugar de que
éstos utilicen los regaños, las críticas,
los castigos o resaltando lo que hace mal. Los especialistas
sostienen que los castigos tienden a reforzar la conducta
indeseable en estos casos. En cambio, cuando los padres le
enseñan a organizarse con el ejemplo y lo ayudan a
poner en orden sus cosas en lugar de limitarse a darle instrucciones,
obtienen mejores resultados.
A
continuación se ofrece un esquema de cómo podría
elaborarse una lista de control y señalar los puntos
que ha cumplido por sí mismo y cuando ha tenido que
estársele recordando. Ésta se puede hacer en
una cartulina y ponérsela en su habitación para
que su hijo la pueda consultar con facilidad y estar al tanto
de su desempeño.
Mi
lista personal de actividades
ACTIVIDADES:
D L M M J V S
1. Cuidado personal
Arreglar
mi ropa y útiles la noche anterior
Lavarme los dientes después de cada comida
Bañarme
Vestirme yo solo
Salir a la escuela a tiempo
2. Arreglar mi recámara
Hacer
mi cama
Poner en el cesto mi ropa sucia
Recoger mis juguetes y objetos
Apagar la radio y/o la televisión si no las uso
Mantener limpia mi recámara
3. Ayudar a mi familia
Poner la mesa
Hacer el agua de frutas para la comida
Poner mis platos en el fregadero
Revisar que haya jabón en el baño
Regar las plantas
4. En relación con la escuela
Salir a tiempo para ir a la escuela
Terminar mis trabajos en la escuela
Hacer mi tarea sin discutir
Acomodar mis útiles al terminar la tarea
Practicar con el instrumento musical
(d)
Reconozcan cuando haya hecho algo bien y felicítenlo.
Esta actitud lo invitará a repetir la conducta deseada.
Resalten lo que hizo bien, abrácenlo, sonríanle
en forma especial, háganle saber que aprecian sus esfuerzos
y que se dan cuenta de sus progresos. Eviten recompensarlo
con comida o dulces.
(e)
Tengan paciencia y conserven la calma
lo más posible. El secreto está en
ser constantes y ayudarlo a que se mantenga dentro del programa,
vale la pena, pues ganarán mucho debido a que cada
vez será menor el nivel de tensión y de caos
en el hogar. A veces notarán que el niño parece
estar regresando a sus conductas anteriores, esto es común
que suceda, por lo tanto no se desanimen; pues si son constantes,
él volverá a retomar el programa y seguirá
progresando. Eviten que el niño se convierta en el
chivo expiatorio de la familia y se le culpe de todo lo malo
que suceda en la casa, de sus frustraciones y enojos, en vista
de que las consecuencias son desastrosas para su autoestima,
pues agudizará todavía más sus dificultades.
(f)
Las acciones dicen más
que las palabras. No basta con decirle a su hijo
que su conducta es inapropiada; lo más probable es
que él no comprenda a qué se están refiriendo
ustedes. En cambio, cuando le reconocen sus progresos y le
señalan con claridad lo que hizo bien, lo ayudan a
seguir con el programa. También es importante que le
enseñen cómo modificar lo que hace mal y lo
ayuden a trazar metas concretas, pues de esta manera él
percibirá con mayor claridad el camino adecuado para
lograr los cambios deseables. El niño debe comprender
con claridad lo que se espera de él, cómo debe
actuar y en qué momento. Poco a poco asígnenle
pequeñas responsabilidades, y no se las cambien hasta
que haya logrado cumplir con la primera sin errores.
(g)
Jueguen a intercambiar papeles.
El niño podrá tener el papel del padre
y el padre del hijo. Representen una situación donde
él señale los errores que comete su "hijo"
al hacer una actividad y sugiera cómo ayudarlo.
(h)
Busquen momentos oportunos para hacer
los cambios. Es imposible que el niño coopere
con ustedes si quieren enseñarle alternativas en los
momentos en que hay disputa o conflicto. Los cambios deberán
sugerirse en un ambiente de tranquilidad, con cariño
y paciencia. No es adecuado sugerirlo cuando están
viviendo un momento difícil, permítanse un tiempo
razonable para que los ánimos se calmen y puedan platicar
más adelante sobre el hecho de manera que su hijo pueda
identificar qué tipo de conductas son las que provocan
el caos y las tensiones, sin utilizar reclamaciones ni enojos.
Si se le confronta con dureza y gritos, él se sentirá
atrapado y se defenderá con agresividad o evasión.
Si ustedes se sienten frustrados, impotentes, estresados,
en esos momentos no tendrán la paciencia que se requiere
para enseñarle algo positivo. Si él, a su vez
está furioso, llorando o sintiéndose amenazado,
tampoco entenderá razones. Es mejor trabajarlo después
cuando haya regresado la calma. Lo que sí
se debe evitar es pasarlo por alto u olvidarlo.
(i)
Eviten la sobreprotección y la
indulgencia. Su hijo no debe ser el foco de atención
y de desgaste de energía en la familia. Él tiene
que ir aprendiendo a cooperar con todos y cumplir con sus
compromisos. Sobreprotegerlo únicamente va a acentuar
su falta de dominio y descontrol. Si se es dominante y permisivo
al mismo tiempo, el niño se desconcertará todavía
más y no entenderá qué es lo que se espera
de él. Tampoco se intente sobornarlo con regalos para
que haga sus deberes o se comporte mejor. Este procedimiento
no le ayudará a aprender a tomar la responsabilidad
de su vida.
(j)
Encuentren el punto medio para ayudarlo sólo cuando
sea indispensable y eviten estarlo supervisando constantemente.
Poco a poco vayan dejando que haga las cosas por sí
mismo, ayúdenlo a que aprenda de sus errores y a que
repita el procedimiento las veces que sean necesarias, hasta
que le salga bien lo que tenga que hacer. Enséñelo
a que comience a tomar sus propias decisiones, primero ayudándolo
a que escoja entre dos alternativas. Conforme avance, aumenten
las opciones.
7.
¿Qué se puede hacer en la escuela?
Los
estudiantes que padecen el síndrome de déficit
de atención tienen dificultades para aprender en la
mayoría, si no es que en todas, las materias que llevan
en la escuela, debido a que su falta de atención, impulsividad
e hiperactividad no les permiten desempeñarse adecuadamente.
Sin embargo, no a todos les afecta de la misma manera ni lo
presentan con el mismo grado de severidad.
Se
puede comenzar a atenderlos al ofrecerles un ambiente de aprendizaje
altamente estructurado, simplificarles y repetirles las instrucciones,
tanto de las actividades como de las tareas escolares, ayudándolos
con apoyos visuales que les faciliten la comprensión
verbal de las instrucciones, empleando técnicas que
les permitan controlar su conducta, adaptando los horarios
de clase, modificando las pruebas y otros instrumentos de
evaluación con el fin de que respondan a sus necesidades
especiales, utilizando grabaciones, computadoras y otros equipos
audiovisuales, seleccionando y modificando los ejercicios
de los libros de texto y cuadernos de trabajo y siendo muy
cuidadosos con el tipo de tareas escolares que se les deje
para la casa.
La
intervención especial que requieren estos alumnos es
multimodal, es decir, que no sólo se aboque a la adaptación
de los temas que tienen que estudiar sino también a
programar actividades que los ayuden al manejo y control de
su conducta así como a la supervisión y tratamiento
médico. Veamos esto con más detenimiento:
(a)
El punto de partida es la modificación
de su ambiente para aprender, lo que significa
contar con un salón donde tenga los menores distractores
posibles pero, al mismo tiempo, cuente con el material y las
actividades que más le ayuden a concentrar y a mantener
su atención.
(b)
Un buen comienzo es escoger el salón
que esté más alejado del ruido, sentar
al niño hasta adelante, lejos de las puertas y de las
ventanas y, si es posible, contar con un pequeño cubículo
o poner su escritorio viendo una pared blanca de manera que
sólo tenga a la vista el material con el que va a trabajar.
(c)
Pídale su cooperación
a los demás miembros del grupo. Los niños
generalmente reaccionan favorablemente cuando se les explica
la situación y se les pide que ayuden con algo específico.
(d)
Procure mantener una rutina de trabajo
con el niño pues, como ya hemos dicho, difícilmente
acepta los cambios. Cuando éstos son inevitables, prepárelo
tanto como sea posible explicándole la situación
y precisándole cuál es el comportamiento apropiado
que se requiere.
(e)
Mantenga contacto visual con el niño
cuando le esté dando las instrucciones oralmente.
Éstas deben ser claras, breves y sencillas. Repítaselas
las veces que necesite y con tranquilidad. Es preferible que
comience con una instrucción a la vez y que vaya haciendo
lo solicitado paso a paso. Antes de iniciar la actividad,
es mejor asegurarse que haya comprendido lo que se le ha dicho.
Una buena medida es que él explique lo que tiene que
hacer inmediatamente después de que le haya dado la
indicación.
(f)
Combine claves visuales y táctiles
con las instrucciones orales. Utilice diversos
canales pues generalmente da mejores resultados para atraer
su atención e incrementar su aprendizaje.
(g)
Hágale listas cortas de las actividades
para que pueda organizar mejor su trabajo y déjelo
que las consulte las veces que sea necesario.
(h)
Adapte las hojas de trabajo de manera
que las páginas no estén recargadas.
De preferencia, póngale sólo una tarea por hoja
para que pueda concentrarse en ella con mayor facilidad.
(i)
Fragmente cada actividad en pequeños
pasos y retroaliméntelo inmediatamente al
concluir cada parte. Al principio permita que utilice el tiempo
que necesite para concluir la tarea. Poco a poco le irá
enseñando a distribuir y a aprovechar mejor su tiempo.
(j)
Asegúrese que haya anotado su
tarea y que se lleve los útiles necesarios
para hacerla en casa. Al día siguiente revísenla
juntos; destaque las partes que hizo bien, en lugar de los
errores. Éstos los irá eliminando a través
de las siguientes tareas y ejercicios que le vayan poniendo.
(k)
Alterne las actividades que requieran
movimiento con otras que le pidan estar sentado en
un lugar determinado durante el día. Invítelo
a participar en actividades sencillas con el resto de sus
compañeros, adáptele las tareas que le correspondan.
Asígnele algo que tenga la seguridad de que lo hará
bien. En este punto, lo que más importa es que comparta
con sus compañeros y no la eficiencia en la tarea.
Póngale una actividad donde él pueda ayudar
a alguno o a varios de sus compañeros. Esto lo hará
sentirse útil y que tiene un lugar en el grupo.
(l)
La enseñanza programada puede
ser muy útil para estos casos, pues le ayuda
a estructurar el aprendizaje y a mantener su interés
y motivación.
En
educación no podemos darnos por vencidos. Todos los
niños pueden lograr progresos a pesar de las dificultades
que tenga para aprender. Sin embargo, sólo
se alcanzarán las metas deseadas si éstas son
realistas y se trabaja con constancia por conseguirlas.
En
conclusión, el programa educativo ha de responder a
las necesidades e intereses del niño, propiciar el
desarrollo general de sus habilidades, prevenir otras dificultades,
ayudarlo a superar o a compensar sus deficiencias, definir
metas realistas y específicas, ofrecer experiencias
adecuadas y desarrollar una autoestima saludable.
El
educador ha de ser paciente, flexible, creativo, innovador
y sensible a las necesidades del niño. Ha de tomar
en cuenta su ritmo de aprendizaje, utilizar actividades atractivas,
interesantes y divertidas pero que tengan un propósito
concreto y bien definido, que le faciliten al niño
la participación, el descubrimiento, la estructura
y, de ser posible, la convivencia con sus compañeros,
lo ayuden a relacionar entre sí los contenidos, despierten
su imaginación y creatividad y desarrollen su esfera
emocional.
El
juego ha de ser la estrategia esencial para ayudarlo a descubrir
el mundo que lo rodea. Habrá que vigilar el número
de estímulos con los que tenga contacto, fomentar su
seguridad y confianza, evitar la fatiga, presiones y tensiones
innecesarias y crear ambientes cálidos, cordiales y
motivantes.
Lo
más recomendable es comenzar con actividades altamente
estructuradas, basándose en lo que puede hacer y no
en corregir sus deficiencias. La clave para trabajar está
en utilizar instrucciones sencillas, breves y claras; cuidar
la secuencia en las actividades, empezar con cosas muy concretas
e introducir poco a poco lo abstracto, fortaleciendo las bases
del conocimiento. Sólo dejar tareas cuando el niño
ya posea previamente el aprendizaje necesario para llevarlas
a cabo.
El
material ha de ser atractivo, sencillo, con colores contrastantes,
objetos grandes, que permitan usar el mayor número
de sentidos y sea fácil de manipular. Poco a poco se
irá reduciendo su tamaño, se aumentará
la cantidad y se volverá más complejo y abstracto.
Antes
de terminar deseo recomendarle al lector dos libros que he
escrito en relación con las dificultades de aprendizaje
y que le pueden ser muy útiles para profundizar sobre
el tema. El primero se llama La
percepción visual en los primeros años del aprendizaje
y el segundo tiene el título de Estrategias
de enseñanza para atender a niños con dificultades
de aprendizaje,
ambos están publicados por la ENEP-Acatlán.
Asimismo, deseo invitar al lector a mandarme sus comentarios
al Programa de investigación de la ENEP-Acatlán,
ubicada en San Juan Totoltepec y Alcanfores s/n. Jardines
de San Mateo, Naucalpan de Juárez, Estado de México.
CP 53240.
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VA: The Council for Exceptional Children.
- Task Force on DSM-IV. (1993). DSM-IV draft criteria, 3-1-93.
Washington, DC: American Psychiatric Association.
El
lector puede iniciar su búsqueda electrónica
en la siguiente dirección: http://www.phdirect.com
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